En Rosario, el trabajo en aplicaciones de delivery atraviesa un escenario cada vez más complejo: mientras la cantidad de repartidores sigue en aumento, los pedidos caen al ritmo de la baja del consumo.
Promociones como descuentos, combos 2×1 y ofertas agresivas se multiplican en las plataformas para sostener la demanda. Sin embargo, detrás de esas estrategias aparece una realidad más preocupante: hay menos trabajo disponible y más personas intentando vivir de él.
Según estimaciones del Sindicato de Trabajadores, Cadetes y Repartidores de Santa Fe, actualmente hay cerca de 9 mil repartidores en la ciudad. De ese total, unos 2.500 operan con la plataforma PedidosYa, aunque no existen cifras oficiales debido al alto nivel de informalidad.
Más horas para ganar lo mismo
El desbalance entre oferta y demanda impacta directamente en los ingresos. Hoy, el valor promedio por pedido ronda los $3.000, lo que obliga a extender las jornadas para alcanzar un ingreso básico.
Un informe de la Fundación Encuentro señala que, a nivel nacional, un repartidor necesita realizar al menos 454 pedidos mensuales para cubrir gastos esenciales como alquiler, manutención, salario mínimo y monotributo.
En promedio, se concretan unos dos pedidos por hora, lo que empuja a muchos trabajadores a jornadas extensas para sostener sus ingresos.
Jornadas largas y pluriempleo
En este contexto, el reparto dejó de ser una actividad principal para muchos y pasó a convertirse en un complemento. Cada vez más trabajadores combinan esta tarea con uno o incluso dos empleos adicionales para llegar a fin de mes.
Aun así, quienes dependen exclusivamente de esta actividad enfrentan condiciones exigentes: jornadas de hasta 12, 14 o incluso 15 horas diarias, muchas veces en la vía pública y expuestos a distintos riesgos.
La postal se repite en distintos puntos de la ciudad: repartidores esperando pedidos en shoppings, plazas o zonas gastronómicas, en un contexto donde la demanda ya no acompaña.
Reclamos por falta de regulación
Uno de los principales cuestionamientos del sector es la ausencia de un marco regulatorio. Desde el sindicato advierten que no existen controles ni registros oficiales que ordenen la actividad.
En ese sentido, volvieron a impulsar un proyecto de ley provincial para crear un registro de trabajadores en el Ministerio de Trabajo, con el objetivo de formalizar el sector.
También denuncian la falta de reconocimiento gremial, lo que impide avanzar en un convenio colectivo. “Sin regulación, esto deja de ser una salida laboral y pasa a ser precarización”, sostienen.
El fenómeno también alcanza a conductores de apps
La situación se replica en el transporte de pasajeros. Un estudio de investigadores del CONICET y universidades nacionales indica que más del 60% de los conductores de aplicaciones tiene otro trabajo.
Las jornadas promedian las 7,5 horas diarias, con ingresos que —si bien pueden equipararse a salarios formales— no contemplan costos clave como combustible, mantenimiento o alquiler del vehículo.
El perfil del sector también muestra cambios: la edad promedio ronda los 36 años, más del 30% son mujeres y casi la mitad cuenta con estudios superiores.









